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La mentira tiene patas cortas.

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La mentira tiene patas cortas.

Mensaje por Rashel el Mar Nov 22, 2011 10:21 pm



Aaron escribió:
Aaron no quiso admitirlo muy bien, pero le gustaba la manera en la que lo miraba... más porque a él le gustaba mirarla a los ojos. Eran unos ojos que decían mucho, que contaban un pasado interesante y una fuerza de voluntar impresionante, los suficientemente grande como para sobrellevarlo. Lo que en cierto modo no esperó, fue sentirse tironeado, escuchando a medias lo que ella decía. Se tomó su tiempo para analizar esa sonrisa... una sonrisa que prometía darle muchos problemas... pero, ¿por qué? Sacudió su cabeza en su fuero interno, esperando sacar ese feo pensamiento de ahí. Feo, feo. Mientras, sentía como la fémina estampaba un beso en su mejilla, dejándolo bastante desconcertado. ¿De dónde era esta chica? Por lo que Aaron había leído, ese era el saludo americano, aunque bueno, hoy en día la televisión ahorraba varios saltos a cualquiera. Casi entrecierra la mirada en respuesta a ese guiño coqueto. A que la niña era toda una rompe corazones. Ya se veía lidiando con el típico novio pesado... bueno, de ser así, él no vacilaría en aplastarlo como a una mosca. Pestañeó volviendo a la realidad, escuchándola por fin. Por esos comentarios tan llenos de confiaza, Aaron no quiso hacer más que reírse, con ganas y todo. Caramba que era bien intrépida. Pero él tenía un papel que cumplir...

—¿Disculpe?—medio musitó, con esa voz sumisa de tonto, mientras pestañeaba rápido, como si no tuviera el tiempo suficiente como para procesar la información, entenderla y dar una respuesta lo suficientemente buena.—E-está bien, señorita—dijo a lo tonto, frunciendo el ceño con cierta pena, como si se hubiera metido en un buen lío. Pero... ¡Tenía demasiadas ganas de reír! La joven estaba previniéndolo de personas como él... eso sí que era digno de ver. Se esforzó porque las comisuras de su boca no se estiraran... entonces bajó el rostro, clavando su mirada en sus manos unidas. Frunció el ceño, sin elevar el rostro, pero sí la mirada, para clavarla en ella. No eran muchos los que se animaban a tamaña hazaña, normalmente, había algo en él que hacía a los demás alejarse y mantener sus buenas distancias... pero por lo visto no ella. Pensando en eso, se dejó llevar, sacando esa cara de niño molesto que había puesto en respuesta a esa acción tan imprevista... o mejor dicho, no tan imprevista del todo. Sabía como eran los de su clase. Además, era solo una humana... ¿por qué debería temerle? Sin embargo, en el fondo de sus pensamientos, sabía que no querría lidiar con ella, ni luego ni pronto... ni nunca. Era increíble, acababa de conocerla y en cierta forma ya quería salir corriendo por el lado opuesto. De repente, ella se detuvo en la puerta, lo que de seguro sacó una queja interna en el zorro. ¿Qué no veía que ya quería irse de ahí? La miró, sintiéndose repentinamente molesto y de mal humor, algo que no ocurría con frecuencia, aunque por supuesto, había estampada en su cara, una gran sonrisa. La miró mientras le hacía aquella pregunta muy considerada de su parte. Eso puede que disminuyó su picante humor un grado... pero seguía teniendo tremendos deseos de salir de allí, así que le sonrió más ampliamente, y sin soltar su mano, tomó la iniciativa para abrir del todo la puerta y salir de una jodida vez fuera.

Se giró y la miró. No podía darse el lujo de decirle él a dónde ir... él necesitaba oír su opinión, para sacar más conclusiones, tenía que aprender más sobre ella... pero Rashel parecía hacer cada una de todas las cosas que a él le molestaban... y una de esas cosas que le molestaban, era que Rashel fuera... ¿distinta? A saber, había algo en ella, pero él no sabía qué. Igual, descubrirlo era su trabajo. Así que sintiendo cómo ella se lo dificultaba más, sin decir ni una sola palabra, se giró en dirección a la plaza, sin soltar su mano aún. Por alguna razón estaba tomándoselo como una clase de competencia, "a ver quién aflojaba primero", algo que reconoció muy infantil en él. Aunque una parte de él negaba el admitir que... se sentía bien. Le recordaba a las gemelas, cuando las ayudaba a cruzar la calle tomándolas de la mano. La mano de Rashel era menuda, y la sentía de alguna forma frágil en su palma. No quería sentir pena por ella, no quería sentir que debía protegerla solo porque el recuerdo de aquellas dos niñas lo perseguía, así que simplemente la soltó. Eran cosas muy contadas las que se merecían los humanos, y Rashel era una humana, no tendría porqué ser la excepción. Aminoró el paso, solo en ese momento se dió cuenta que había estado yendo a las zancadas rápidas con esa largas piernas suyas, en cualquier momento su ama terminaría tirada en medio de la vereda.

—¿Te gustan las flores?—preguntó lo primero que le vino a la cabeza al ver una florería a lo lejos. Se había dado cuenta de que había estado peligrosamente callado, y no había querido que ella lo notara, no había querido que sacara sus conclusiones. Y en eso de que iba distraído, oyó una voz muy conocida que lo hizo detenerse. —Así que esta es tu nueva vida. Sabía que terminarías siendo un mujeriego—se mofó un hombre de cabellos rubios en su cara. Aaron solo le sonrió, medio colocándose entre Rashel y su ex-amo. Sería perfecto que ella no estuviese escuchando. De igual modo, sus intentos por ocultarla se frustraron cuando el hombre lo rodeó y la miró al rostro.—Muy linda la que te has elegido hoy. ¿Ya tienes programada la de mañana?—preguntó volviendo la atención a él. El joven solo le miró. ¿Qué podía decirle? No quería provocarlo y dejar que en consecuencia se le escaparan una o dos cosas frente a su nueva ama. Si esto seguía así, no sería de extrañar que iría a parar a la tienda en un abrir y cerrar de ojos.
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Re: La mentira tiene patas cortas.

Mensaje por Rashel el Mar Nov 22, 2011 10:42 pm

Admitía para si misma el no poder comprender esa manera misteriosa en que se comportaba tan lindo chico. Le intrigaba esa manera tan peculiar en la cual Aaron se mostraba tímido, quizá hasta avergonzado por algo tan simple. ¿En que momento en caso contrario había perdido ella su dulce ingenuidad e inocencia? Por tan solo un instante el menor logró hacerla dudar. Sí, la mujer que hasta entonces siempre se mostraba tan segura en si misma había sorprendentemente encontrado algo que le hiciera pensar por un momento si estaba todo en orden. La vida le había mostrado siempre un lado duro y doloroso, pero a ella eso no le asustaba. No era insensible si no todo lo contrario, pero manejarlo era algo de su trabajo diario para sobrevivir. Ahora aquellos ojos que la cautivaron lograron algo casi imposible con un gesto y unas palabras. No porque lo considerara un chico en verdad tan tonto como lo aparentaba, no era lo que aquella mirada mostraba, si no porque aún sabiéndose engañada le resultaba cómico. No fiarse de nadie, pero al mismo tiempo confiar en tantos. El androide entraba en el listado de esos tantos pero era muy distinto. Más todo duro unos segundos, aquella mínima escena representada de improviso no le harían arrepentirse de su vida o su existencia. Solo le hicieron preguntarse si ella habría podido en un momento haber sido alguien como la imagen que el otro trato de mostrarle.

Toda acción y hasta sus palabras no contenían ninguna intención oculta, mucho menos como algún tipo de consideración hacia su actual acompañante. En realidad lo hizo puesto que no le gustaba ser quien tuviera todo el tiempo la iniciativa ya que no se consideraba alguien por completo dominante. Al menos no fuera del trabajo más no negaba que casi nadie lograba seguirle el paso. Por ello cuando se vio ahora arrastrada por entre las calles de la ciudad sus labios se suavizaron en un dulce gesto de complacencia. Iba a resultar muy interesante el averiguar quien terminaría por mostrarse más insistente. Aquel joven unido a su mano era muy encantador hasta cuando no lo intentaba, especialmente porque sentía esa extraña sensación de que lo estaba frustrando sin intentarlo. No era cruel, pero le entretenía. Estaba por primera vez en largo tiempo frente a alguien aparentemente tan fuerte como ella. No en el lado físico pues aún con su entrenamiento una máquina le ganaría, si no en la capacidad de insistir por lo que quiere si importar cuanto trabajo represente. Ahora solo restaba averiguar que era lo que el otro deseaba, principalmente porque no pretendía bajar su guardia, no le gustaba hacerlo.

Noto claramente el momento en el cual sus manos fueron separadas, le intrigo pero asumió que simplemente debía entirse incomodo. Muchas personas se comportaban de esa manera cuando otros le tomaban de esa manera, pero no era algo de común recurrencia para su profesión. Quería hablarle, deseaba conversar un poco y ver si estaba feliz por haber sido comprado y por quien era su ama, aunque no deseara ser vista bajo tal cargo. Pero se limito a seguirlo caminado de manera que no le dejara atrás, más en ningún momento perdiendo cierto movimiento alegre pero seguro en su paso. Quizá deseaba ver un lugar en especial algo importante y por ello mismo no ponía atención en ella. No le importaba. Sabía cundo quitarse del foco de atención y creyó ese era un momento para hacerlo.

Sin embargo sus ojos se abrieron levemente por la sorpresa ante la pregunta. Había resultado hermoso escuchar aquello por algo tan simple como que hacia tiempo no lo hacía. Se disponía a dar una respuesta cuando una voz desconocida le hizo detenerse. Observo a hombre que origino esas palabras apenas ladeando su cabeza. Sus palabras indicaban que se conocían, más se abstuvo de involucrarse cuando su androide se interpuso entre ella y el sujeto desconocido. ¿La protegía? ¿Ocultaba algo? En el primer caso sería una cosa muy caballerosa aunque no hubiera motivo, e incluso se podría decir que un tanto posesiva o sobre protectora puesto que llevaban tan poco de conocerse. En el segundo supuesto, Si lo ocultaba tendría sus propios motivos.

Todo lo había pensado en tan solo unos segundos. Uno más o menos era la diferencia entre morir y vivir muchas veces. Permaneció como una espectadora solo hasta el momento de notar como su chico parecía tener problemas para defenderse. Analizo la opción de probarlo para aprender si era correcto llevarlo con ella al circo, pero se sentía también con la responsabilidad e ayudarle. –Señor, creo que entrometerse en una conversación ajena para hacer comentarios como esos no van con alguien de su clase.- Se acercó al rubio mientras retiraba unos mechones de cabello de su propio rostro para verle mejor. –Me lleva a asumir que es usted quien se la ve envuelto con cualquier mujer que pasa en su camino.- Sonrió con cierto descaro en su rostro antes de tomar nuevamente la mano del que se veía en problemas y pegándose a su brazo de una manera muy alegre tan típica d ella. –De cualquier manera a partir de hoy Aaron comienza su nueva vida y lo que haya hecho antes o haga a partir d hoy no es problema de nadie más que de él mientras no se propase con migo claro. Ahora si lo entendí bien ibas a comprarme unas flores, realmente me gustan así que sería un detalle agradable de tu parte por quitarte a este estorbo oxigenado.- Prosiguió caminando en dirección a ala florería como si nada hubiese sucedido. No fiarse de nadie pero confiar en ellos. Eso resultaba de desconocer el pasado de las personas de quienes depende tu vida, algo muy difícil pero ella era buena lidiando con eso. El pasado de Aaron no importaba ahora, nadie le preguntaría nada y ella se incluía. Ella nunca hablaba de antes de estar en el circo. Era una especie de pacto entre todos que nadie rompía, era lo que a su punto de vista los hacia una familia. El pasado antes de tu llegada no tenía porque existir.

-Ah y no creas que el regalo que me des será gratis. Es un regalo, te lo cobrare luego cuando ganes algo de dinero.-
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Re: La mentira tiene patas cortas.

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 02, 2012 9:22 am

Se quedó tan quieto como una estatua, esperando, deseando fervientemente que ese tipo desapareciera. Que lo arrollara un camión o algo, le daba tanto igual la verdad. Sus ojos seguían los movimientos de éste. No quería provocarlo, no quería que ocurriera lo inevitable. Sería molesto tener que volver a la tienda porque ella se había enterado de cosas que preferiría callar. Era tan claro como siempre. Sucedería lo que había sucedido con todos sus otros amos: Su curiosidad, sería el motivo de su separación. El día que Rashel deseara saber más sobre él, sería aquél en que acabarían por irse por lados separados. Así lo tenía trazado el destino. Así debía ser. NADA jamás cambiaría eso. Y Aaron no quería que cambiase.

Así que probablemente, era aquí cuando sus caminos se separaban. Y eso que había esperado divertirse en grande con ella. Conocerla, desentrañar secretos y demás. Lamentaba la curiosidad morbosa de algunas personas, aunque no lamentaba para nada el tenerla él. Bien, ahora de seguro la joven saltaría con preguntas estúpidas, del tipo de... "¿De qué habla?, ¿Por qué dice usted eso?, blah, blah, blah". Contuvo el impulso de poner los ojos en blanco y mantuvo la mirada fija en el tipo, esperando las inminentes preguntas de Rashel.

No fue eso lo que sucedió.

Se quedó paralizado. ¿Se atrevió a faltarle el respeto a un hombre como él? Probablemente a ese tipo le bastaría un chasquido de sus dedos para borrar la existencia de la joven de la faz de la tierra, y aún así, se paraba ante él como un titán no dispuesto a dar el brazo a torcer. Incluso su mandíbula cayó abajo un tanto mientras la veía pasar a su lado para acercarse al tipo. Quiso estirar la mano y detenerla, pero de seguro ella no haría caso. Eso y estaba demasiado desconcertado como para reaccionar. Tal vez fue el dulce perfume que despidieron sus hebras cuando ella pasó cerca, que lo dejaron idiota. O algo. Se quedó así, como un imbécil, hasta que ella disparó aquella segunda oración. Cerró la boca para que sus labios formaran una línea curva. Reír. Quería reír terriblemente.

Así que... ¿No debía propasarse con ella? Entendido. Sería lo primero que haría cuando tuviera tiempo y fuera el momento indicado. Quería ver sus reacciones. Ya que a ella no parecía importarle lo que había sucedido antes... pues bien. Podrían permanecer juntos... por el momento. Oh, Dios. ¡Qué mujer de humor más volátil! Le había cortado el rostro al contrario con solo un par de palabras. Se mantuvo en silencio, dejándose arrastrar, mientras por encima del hombro le dedicaba una sonrisa socarrona al hombre de traje. Él miró con rabia a Rashel, y Aaron no necesitó ser adivino para saber que él no dejaría pasar las cosas simplemente así. Volvió la vista al frente. No podía permitir que le arrebataran su juguete. Tendría que pensar algo.

Rió por lo bajo ante las palabras de ella, mientras se deshacía de su brazo con delicadeza. Buscó en su bolso las gafas y se las colocó. Luego revolvió un poco más, mientras su paso se volvía más lento, distrayéndose en hallar eso que... ¡Ah! Con que ahí estaba. Sacó la pequeña marioneta, que debía de ser un poco más grande que su mano. Era menuda, pero muy hermosa. Tenía una bella sonrisa, y su cabello era del color del fuego, así como sus labios. Sus brillantes ojos, del mismo color que los de Rashel—. No me gusta deber nada—dijo con una sincera sonrisa, probablemente la única que vería Rashel en muchísimo tiempo. Le tendió la marioneta—. Así que te daré esto—tomó su mano y la colocó allí. Los hilos cayeron, y colgando quedaron las crucetas. Luego retiró sus manos, y la miró—. Parecen difíciles de manejar, pero una vez que aprendes es fácil. Puedo enseñarte en cualquier momento—aseguró muy pagado de sí mismo. Se giró, continuando camino hacia la florería—. Aunque entendería que aún así desearas un par de flores, por lo general las mujeres las prefieren por sobre los "muñecos"—admitió un poco divertido un pensamiento que era real. Probablemente Rashel le lanzaría la muñeca por la cabeza. Sería malo, desde que él apreciaba a todas sus marionetas. Pero quería probar a la mujer en ese sentido. Para él, regalar una marioneta era algo muy importante.
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Re: La mentira tiene patas cortas.

Mensaje por Rashel el Lun Mayo 14, 2012 3:56 pm

La vida era un misterio en si mismo, pero uno que en verdad la mantenía sin cuidado pues siempre ha creído que es un misterio que debe vivirse. Por otro lado su zorro era un misterio que lograba atraer su atención cada segundo. Tuvo muchas ganas de detenerle su mandíbula ante la sorpresa que mostro por aquel desagradable encuentro, pero eso no habría ayudado en nada al chico y ese era su objetivo. Más pese a eso había sido algo increíblemente gracioso darse cuenta lo que Aaron pensaba de ella, como podía creer que se asustaría por algo así. Claro que tenía curiosidad, era imposible negarlo pero no preguntaría jamás. Si aquel decidía hablar, entonces se enteraría, de lo contrario se habrá ganado un enemigo, al parecer uno que daría gran dolor de cabeza, sin siquiera tener idea del porqué. Pero un enemigo y problemas era normal, su vida no era precisamente un cuento de hadas y sin embargo ella a veces lo consideraba mejor que uno.

Se detuvo al sentir como su brazo era alejado, girándose permitiendo que su cabello ondeara un poco antes de que sus ojos se posaran en su curioso compañero que buscaba algo. Sorprendente su capacidad para cambiar su comportamiento en segundos, pensando que quizá podía darle algún trabajo de actuación más adelante, sin imaginarse lo que sucedería. Esperó pacientemente, pues al final ella misma estaba estudiándolo a él aun si fuera irrespetuoso. Por ello al notar como su mano era tomada y pudo sentir algo entre esta junto a algunos hilos que caían graciosamente sobre su piel sonrió, no tanto por aquel objeto que tenía ahora si no porque por primera vez desde su encuentro tuvo la oportunidad de leer claramente con una facilidad muy grande el rostro de Aaron. Cuando por fin se fijo en la pequeña marioneta pudo notar lo hermosa que era, y lo arrogante que también podía resultar su anterior dueño que ahora se alejaba.

Cada detalle hacía que aquel objeto fuera hermoso, pero posiblemente lo que más disfrutaba era el haber percibido el cariño que le tuvo el zorro. Un extraño pensamiento recorrió su mente, uno en el que ella pudiera ser tan querida como aquella muñeca. Era una comparación quizá algo extravagante, pero no podía esperarse menos de ella. Aún menos cuando comenzó a reír de manera tan alegre soltando la marioneta que cayó hasta que los hilos se tensaron pues seguían unidos a su mano. Logró que se moviera torpemente pero para ella eso bastaba. –Nunca fui capaz de dominar este tipo de arte, aún una marioneta tan hermosa es un desperdicio si no se le puede dar vida como debe ser.- Continúo moviéndola un poco antes de tomarla en su otra mano con cuidado y guardando los hilos de manera que no se enredaran. –Y tampoco te equivoques. No me siento pagada porque me regales algo tan simple como una muñeca. Me siento pagada porque pude ver que es algo importante para ti y sonreíste de una manera muy adorable. –

Guardó aquella muñeca en su bolsa antes de retomar el camino a la florería como había hecho el otro. –Y porque tengo planeado hacer que me dejes ver como la controlas tú algún día. Pensaba hacerte trabajar como ayudante de limpieza pero quizá tengas algún talento más útil... a mi solía gustarme el acto del ultimo titiritero que tuvimos - Logró colocarse a su lado para besar nuevamente su mejilla antes de despeinarlo un poco con su mano- Cuando crea que tienes futuro en el circo te dejaré darle vida a ella para mi~- lo dijo de manera animada y algo arrogante, dejándose a ella como una especie de incentivo. –Bueno eso fue por sacarte del problema, ahora igualmente quiero mis flores. A pasado un tiempo desde que me dieron unas –sin esperarlo se adelantó llegando a la florería y tomando una flor al azahar y acariciar los pétalos de esta delicadamente, la verdad es que aquel día estaba resultando muy diferente de lo normal pero en ningún momento le desagradaba eso. Era un muy buen día, sobre todo porque su guía por la ciudad resultaba ser un chico no solo encantador si no peligroso. Y con peligroso no se refería a un vándalo ni alguien que podría herirla físicamente, sino que había algo distinto. A ella le encantaban los retos y era competitiva, el zorro le despertaba esa sensación de necesitar un reto, o más bien de verlo a él de esa forma. No lo odiaba o le desagradaba, simplemente que el pensar en encariñarse a otra persona no era algo bueno, si se apegaba a esa sensación de tranquilidad que resultaba de aquellos juegos de ver quien daba más al final, terminaría por extrañarlo cuando desapareciera. Pero… ¿Realmente importaba? Aaron no sería el primero en dejar ese vacío, solo el primero que lo había llenado de una manera tan divertida para ella.

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Re: La mentira tiene patas cortas.

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 09, 2012 8:48 am

La observó encantado, percibiendo cada expresión de su rostro, y en especial su risa. Su risa era de ésas... que reparaban el alma. Dabas una mano, con tal de oírla. Sus niñas habían sido así. El oírlas reír lo había sido todo en el mundo para él. Y ahora, tal vez era ésa la razón por la que miraba su rostro con una expresión de estúpido que más tarde se reprocharía. Su expresión, sin duda, no formaba parte de ninguno de sus disfraces. Entonces, ¿sería parte de su verdadero ser? Por primera vez en su vida, no se sintió curioso al respecto... o mejor dicho, prefirió no sentirse curioso al respecto. Se obligó a concentrarse en lo que ella le decía, no quería hacer el idiota. No pudo estar más que de acuerdo con su pensamiento, y como ya era parte de su naturaleza, incluso entonces, la analizaba. Alguien que podía sonreír ante algo tan infantil, quería decir que era una persona que mantenía un poco del niño interior vivo. Tal vez tenía sus sueños aún vivos, como todo niño... y como debe ser. Alguien que toma un regalo con esa delicadeza entre sus manos, es una persona que guarda cuidado a la hora de tratar los sentimientos de los demás, y sus palabras posteriores no hicieron más que demostrarlo. Pero para entonces, Aaron había salido de su "modo análisis", porque prácticamente se quedó con la boca abierta.

Pequeña mujer osada, pensó de solo oír como ella tan despreocupadamente lo descubría así. ¿Qué no sabía que los hombres eran reservados con cosas así? ¿A quién le gusta que le anden ventilando los pensamientos? Se escandalizó de solo pensar que ella podría terminar examinándolo a él, cuando por supuesto se había esperado lo contrario. Se esforzó por sonreírle, de una manera que no permitía ver lo que realmente pensaba de sus palabras, a vista de cualquiera, esa era una sonrisa genuina.

—Como sea su deseo. Así será—aseguró él. Las marionetas definitivamente eran lo suyo, así que no le disgustó para nada que ella pidiera que lo hiciera para ella. ¿Que le haría limpiar? Hm, eso era interesante. Nunca se lo habían pedido de modo tan... práctico, así que tal vez fuera divertido. En especial si tenía que limpiar el piso de alguna habitación perteneciente a alguien curioso y con muchos secretos. Ocultó la sonrisa de solo pensar que podría ir con esa excusa a husmear a la habitación de su ama.

Ella siguió hablando y Aaron escuchando. Le gustaba su voz. Sonrió ante lo que dijo, no pudo evitarlo, incluso sus ojos brillaron con picardía—. ¿Enserio? Eso es difícil de creer. ¿Le faltan los pretendientes?—preguntó visiblemente interesado, como si Rashel no fuera más que una rata blanca dentro de su laberinto. La siguió por detrás. Al fin se detuvieron y ella sin más eligió su flor—. Peonía china, peonía híbrida, rosa de monte, rosa sin espinas. ¿Nombre cintífico? Paeonia lactiflora—pero ella no se lo había preguntado, él solo tendía a compartir lo que sabía, porque el conocimiento le parecía algo bueno. ¿Pero a ella qué iba a importarle? Así que como pudo intentó arreglarlo—. Mmh. Supongo que yo sí que sé sacarle lo bonito a una flor—medio se burló de sí mismo, de manera torpe, como si fuera un chico demasiado inocente e inexperto a la hora de hablar con las mujeres—. Bonita elección—le halagó con una sonrisa, a la vez que la vendedora salía a su encuentro. Intercambió saludos con la anciana mujer y señaló la flor que Rashel sostenía—. Una docena de ésas—pidió con tono amable. La mujer asintió y comenzó a seleccionar aquellas que estaban en mejor estado. Mientras la mujer se dedicaba a eso, él se acercó más a Rashel, mirándola a los ojos interesado—. En... "tu" circo... ¿vives con tus padres? ¿Tu novio? ¿Queda lejos de aquí?—disparó preguntas esperando con ansias las respuestas. Según lo que ella respondiera, o lo que no respondiera también, él podría sacar conclusiones. Oh, sí. Planeaba conocer a Rashel... muy bien.
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Re: La mentira tiene patas cortas.

Mensaje por Rashel el Sáb Jun 16, 2012 10:56 pm

¿Qué no le gustaba de Aaron al momento? Pues de ese listado quitaba las muecas que hacía de sorpresa o gusto, cada vez que lograba darle una nueva sorpresa con algo que no se esperaba. Y es que no era a propósito, ella solamente era ella, el zorro era quien se empezaba en tener una idea al parecer muy equivocada sobre su nueva ama. Tampoco incluía ese toque de arrogancia que notaba en aquel, incluso el misterio a su alrededor era agradablemente diferente al de la mayoría que conocía. Él era extraño, peculiar. No era alguien animado o feliz, pero eso despertaba en ella lo cual no era difícil pero que nadie lograba de manera accidental, claramente el otro no estaba haciéndolo por quedar bien con ella pues sus intentos de eso eran mucho más inútiles. Y eso si era lo que no le gustaba, esa forma en que pretendía quedar bien, pero debía ser una de esos muchos detalles que el tiempo elimina. Ojalá el tiempo solo eliminara eso y no el agradable ambiente que de momento sentía con él, eso si sería una desgracia. Claro que aún no conocía todo sobre él, imaginaba que tampoco se lo pondría fácil pues ella por sobre todas las personas no lo hacía con nadie. Ser capaz de sonreír y mantenerse alegre, hablando con libertad sobre casi cualquier aspecto de su vida no significaba que no existieran pequeños detalles ocultos. Y esos fragmentos de recuerdos guardados, perdidos en lo más profundo era para ella como era esos secretos del zorro para él. Todos guardan cosas que nadie puede ver, que no quieren que nadie lo haga. Lo comprendía, sin embargo… Era entretenido mostrarle a las personas que no había nada de malo en dejar visible ese lado suyo, incluso en otras ocasiones había comprobado que era sano hacerlo.

-Los pretendientes siempre están ahí, pero se quedan solo en eso… Así que de ellos son mejor obsequios más frívolos y caros dejándoles los significativos a personas más importantes que esos. -le dirigió una mirada picara guiñando un ojo, permitiendo que su voz sonara un poco más animada pero al mismo tiempo hablando por lo bajo, como si eso ultimo fuera un pequeño secreto. Lo era, pero solo para aquellos puesto que quienes le conocían sabían muy bien que ella no iría enserio con nadie que pretendiera alejarla del circo. Su amo circo, deseaba permanecer en él hasta el final, después de todo era su lugar especial y era afortunada. Muchos soñaban con un lugar al cual huir de su desgracia, ella lo tenía, vivía en él. La suerte estaba de su lado ya que una vez entró en ese sitio nadie le pidió dejarlo, poseía lo que la mayoría solo anhelaba en su mente. –No acepto flores de los ingenuos, podrían imaginar tener control sobre mí y bueno, ya debiste comprender que eso no es así. Por eso tu podrás darme flores esta vez, hace tiempo que salvo mi familia nadie me las da.- No se mostraba recelosa al mencionar aquello, posiblemente porque Aaron era ahora parte de la familia en cierta manera y no tenía caso ocultar algo que los demás conocían.

- Paeonia lactiflora…- repitió al escuchar el intento de enmendar su error que aquel hizo, pero a ella eso no le molestaba en lo absoluto, se refería a la información innecesaria y no a lo otro. –Vaya, parece que me divertiré aprendiendo de ti, nunca sabes lo que puede resultar útil en la vida. Diría no que sabes sacarlo lo lindo, sino hacerme verlo diferente.- sonrió, encantada. –Parece que te enseñaron bien alguna vez, me aprovecharé de ello entonces.- E iba muy sincero su comentario, aprender iba a resultar placentero. Todo lo que sabia era por experiencia o porque los demás miembros del circo le enseñaban, así que en conocimientos de ese tipo seguramente el chico le superaba y no se avergonzaba de aquello. Su orgullo no se tocaba por esas cosas, incluso apreciaba a quienes mostraban saber más que ella. Ante las preguntas tan directas de aquel solo sonrió observando las flores. Intuía un poco por donde iba queriendo averiguar cosas tan personales que otros no preguntaban desde un principio, y hasta era como un juego nuevo. –No es mí circo, después de todo está formado por toda la “familia” así que no es como si fuera solo de una persona. Lo dirigen mis padres, aunque con los años sus hijos que quedan y yo manejamos todo para quitarles carga.- Hablaba de manera afable mientras recorría el lugar observando la variedad de flores que se exhibía, aunque se notaba su cariño al lugar y gente que mencionaba. –No tengo idea si queda lejos o cerca, apenas llegamos a la ciudad y no había salido a recorrerla así que no sé las distancias exactas, supongo que eso me saco por no estar a cargo de los tramites con la ciudad. –le dirigió una mirada curiosa a su interlocutor un momento- Y se sincero, ¿Crees que compraría una mascota yo sola si tuviera novio? Si estuviera enserio con alguien al menos lo habría dejado venir a que te conociera. Oh bueno… aunque tampoco es como si hubiera avisado a alguien de ti- hasta ese momento recayó de aquel detalle, pero no le dio nada de importancia.

-Ahora es mi turno. ¿Por qué el interés en mi pareja? ¿Celos tan pronto? –una risa suave se le escapo al tiempo que la joven encargada se acercaba a entregarle el ramo de flores que ella tomó feliz antes de volver a tocar uno de los pétalos y luego pagarle. – Gracias Aaron son hermosas, me lo pagas cuando te paguen por tu trabajo.- lo dijo llevando un dedo a sus labios para que no fuera a decir ninguna queja, acercándose para hablarle de forma que solo él escuchara. –No te preocupes, si es eso seguramente luego de la primera función te daré buenas razones para ello. Los “pretendientes” siempre aparecen entonces~- lo dijo como una broma ya que dudaba mucho que Aaron tuviera algún sentimiento de celos por ella, aunque era verdad que si era posesivo con su ama solo por serlo iba a fastidiarse porque ella disfrutaba salir con todos los que se le acercaban aunque fuera para pasar el tiempo. Se retiro luego de haberle hablado apuntándole con cierta delicadeza. –Eres mi guía de hoy, así que espero conozcas la ciudad mejor yo o luego tendremos problemas para volver.-
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